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Dios, Padre

De “la nada” surge… nada. Tiene que haber “algo.”

¿Pura materia? Por mucho tiempo que le demos… la materia es incapaz de generar vida espiritual: un pensamiento, una sonrisa, una lágrima, una canción, un gol, un beso… Todo eso no lo provoca “algo”, sino “alguien”.

A ese “alguien” capaz de poner en marcha la vida le llamamos “Dios”.

Si después de crearnos, se hubiera olvidado de nosotros, podríamos olvidarnos de Él. Pero…

“Aunque una madre se olvidara
del fruto de sus entrañas, yo nunca
me olvidaré de ti.” (Isaías 49, 15)

Nuestro Creador es un padre bueno que, si pierde a sus hijos, intenta reconquistarlos. Nos invita a volver junto a Él de mil formas: de palabra, por escrito, en persona o con mensajeros… nos lo suplica una y otra vez… pero jamás nos obliga.

Podemos ignorar o amar a nuestro padre.
Hoy y para siempre. Lo justo es amarle.